16 febrero 2013

El valle de Nentir. Capitulo 1: La llegada

Queriendo dar un toque distinto al de los wargames hoy vengo con una entrada destinada a la partida de rol que dirijo por roll20.
Ahora mismo andamos de parón por exámenes pero este lunes retomaremos la partida con dos personajes nuevos (lamentablemente Yopia será baja debido a la falta de tiempo). El caso es que este lunes también comenzaré exámenes... y estaré al menos 2 semanas que no podré subir demasiado contenido...

Pero bueno, como digo, esta entrada va dirigida a explicar como fue parte de la primera sesión de la partida. Y como quería que fuera "especial" lo que vais a leer ahora será en formato de narración. Para darle un aire nuevo.
Así pues, espero que os guste lo que espero que sea una serie de entradas interesantes a partir de ahora dedicadas a la partida que dirijo.


Capitulo 1. La llegada

El sol brillaba con intensidad en la Cima del salto. Dethon Mallet y Yopia Brutho llevaban caminando un buen rato cuando la imponente visión del pueblo les trasladó una sensación de descanso ya olvidada en los últimos días de viaje.
Habían partido como refuerzos desde fuera del Valle de Nentir hacia la Cima por para ayudar al señor de las tierras ante la falta de efectivos.

Pese a que la Cima del salto había superado una guerra contra los orcos, últimamente habían comenzado a pasar cosas extrañas, y una creciente oleada de bandas criminales comenzaban a molestar en demasía al Faren Markelhay. 

- Al fin llegamos a este dichoso pueblo - dijo Dethon Mallet mientras se secaba el sudor de la frente.

- Merecerá la pena, Dethon. Ahora lo más importante es reunirnos en la posada con tu contacto - contestó Yopia mientras bebía de su odre.

Tras reconocer un poco la zona, los dos partieron hacia el norte, hacia la posada de Nentir donde habían quedado con su contacto.

Después de una media hora andando consiguieron llegar a "La posada de Nentir". La típica posada que todo pueblo o ciudad suele tener a las afueras para el descanso de caballos y aventureros. Fuera, los caballos descansaban en los establos mientras se oía el jaleo interior, seguramente debido a la constante ingesta de cerveza importada desde el este.

- Ve entrando, Dethon - le comentó Yopia-. Voy a preguntar algo al mozo de cuadras. Pídeme una pinta para cuando vuelva.

El mago asintió y entró en la posada. Dentro, el humo, la música y la muchedumbre irritó al Eladrín, poco acostumbrado a sitios tan concurridos.
Se dirigió a la barra y pidió amablemente una pinta para su compañera. Mientras esperaba a que el posadero le sirviera la cerveza inspeccionó el lugar en busca de su contacto, aunque si hubiera estado a rebosar lo habría encontrado sin ningún problema debido a los gritos que levantaba mientras discutía con alguien en una mesa.

- Te digo que no, cabrito. Has perdido y ahora tendrás que invitarme a otra jarra - le espetó una elfa a un tiflin.

- Está bien, pero siéntate ya, Ghénima - contestó el tiflin mientras levantaba la mano para indicarle al posadero que sirviera otra jarra.

- Tranquilo, yo se la llevo, me sentaré con ellos - dijo Dethon, parando al posadero que se disponía a darle la jarra a la camarera.

El eladrín se dirigió a la mesa y cuando estuvo frente a ellos se sentó sin siquiera preguntar. La elfa tardó unos segundos pero después de ver la jarra la cogió y saludó.

- Al fin llegas, compadre.

- Ha sido un viaje largo - contestó Dethon, mientras sonreía.

En ese momento Yopia entró y tras unos segundos de búsqueda se dirigió a la mesa y se sentó junto a ellos, cogiendo también su jarra.

Estuvieron un tiempo hablando, comentando lo que el viaje hasta la Cima les había deparado y los detalles del motivo por el que estaban ahí. Incluso lo comentaron ante el tiflin que les acompañaba sin ningún reparo.

- Después de escucharos - comentó el tiflin de repente-. Es posible que os pueda ayudar. Por cierto, me llamo Melkarth Shade. A vuestro servicio.

Tanto Yopia como Dethon se interesaron por las palabras del tiflin. De hecho, tuvieron que pedir otra ronda para explicarles cual era su cometido en La Cima del Salto y el porqué podía ayudarles. 

- Como digo, el señor Markelhay suele solicitar mis servicios siempre que necesita información o unos ojos. Supongo que podría mediar para acelerar todo el tema "burocrático" que puedan presentar ante vosotros - el tiflin guiñó el ojo-. Quien sabe, incluso puede que soliciten vuestros servicios extraoficialmente.

- Vaya, no has perdido el tiempo en la Cima, Ghénima - dijo Dethon sonriendo-. Veo que tienes buenas relaciones.

- Yo nunca pierdo el tiempo, compadre - contestó Ghénima tras dar un largo trago a su pinta.

Tras picar algo en la posada decidieron partir hacia la fortaleza de Adularia. El lugar donde debían reunirse para ponerse al servicio del señor Faren Markelhay.


Tardaron bastante en llegar a la fortaleza. El sol aun les dio con fuerza en la frente mientras los aventureros atravesaban el patio de armas y solo cuando estuvieron a los pies de la enorme fortificación dejaron de recibir la luz del astro.
La fortaleza aun conservaba el buen estado a pesar de la guerra acaecida hacía 93 años. Al estar en la parte alta de la Cima del salto los orcos decidieron arrasar con la parte baja de la villa sin acercarse a los muros para no ser contracargados por los soldados que guarnecían el bastión.

Dos guardias que custodiaban el portón tranquilamente, sin moverse ni un ápice. Reaccionaron al instante al ver como un grupo de cuatro aventureros intentaban cruzar el portón armados hasta los dientes.

- Calma compañeros. Soy yo, Melkarth - el tiflin hizo una pequeña reverencia-. Venimos para hablar con lord Faren sobre asuntos importantes.

Tan rápido se dieron cuenta de su error que sin dudarlo se apartaron del camino y tras una simple salutación dejaron que el grupo pasara. Fue en ese momento cuando Yopia y Dethon entendieron que Melkarth ostentaba un rango mayor del que aparentaba.

Nada más entrar se quedaron boquiabiertos por lo grande que era la entrada de la fortaleza. Incluso Ghénima, que pese a llegado a la cima hacía tiempo nunca había estado dentro del castillo.
El recibidor estaba lleno de cuadros y grandes cortinas rojas. Pese a eso, no daba una impresión demasiado altiva. Quizás para no hacer creer al pueblo que ser el regente del lugar pervertía la mente de Faren.

No pasaron ni unos minutos cuando desde una de las escalinatas de piedra que llevaban a la cámara superior apareció un sirviente que les llevó sin demora ante el propio Faren Markelhay. Y eso era extraño puesto que Lord Faren era un señor bastante ocupado debido a su petición de escuchar de primera mano todos y cada uno de los problemas que su pueblo tuviera.

- Supongo que tendremos que darte las gracias, Melkarth. - dijo Yopia mientras miraba embelesada las grandes columnas de Adularia.

- No hay de que. Todo amigo de Ghénima es amigo mio.

El sirviente les llevó hasta una sala donde Faren Markelhay discutía con sus capitanes temas importantes como la guardia de la villa, los problemas acaecidos durante la mañana y una larga ristra de preocupaciones que todo dirigente tenía que afrontar para con sus oficiales. Pese a que el tiflin les había contado que Faren no era demasiado viejo, su aspecto decía completamente lo contrario. De pelo canoso y gran bigote, el señor de la fortaleza daba una sensación de hombre malnutrido. Aunque, por su manera de hablar, aun en completo estado mental.


Cuando entraron por la puerta, Melkarth esperó a que Faren terminara de hablar con un hombre que se encontraba de pie a su derecha y en cuanto tuvo la oportunidad saludó y se dirigió a el.

- Saludos milord. Traigo buenas nuevas desde fuera del Valle - el tiflin señaló a Dethon y Yopia-. Se trata de los refuerzos que pedisteis.

Faren se quedó mirando al grupo con detenimiento.

- Vaya, sin duda deben de ser unos refuerzos de gran habilidad para mandarme solo a tres... - Faren se llevó la mano a la frente-. En fin, mejor esto que nada. Encantado de conocerles. Sin duda, me gustaría escuchar de primera mano cuales son sus habilidades pero lamentablemente ando falto de tiempo para con mis obligaciones así que si hacen el favor de acompañar a mi consejero os pondrá al corriente de todos y cada uno de los problemas por los cuales habéis sido llamados - En ese momento Faren miro a la persona de su derecha continuó hablando con otro hombre ataviado con una armadura de placas.

El hombre, un poco más gordo y también con bigote les llevó a sus aposentos. Una habitación bastante grande y ostentosa custodiada por dos guardias.
Nada más entrar, el hombre se presentó mientras les servía un poco de vino en copas de cristal.

- Bienvenidos a la Cima del salto. Me llamo Dorel Resfold y soy el consejero de lord Markelhay - dijo Dorel antes de parar tras ver como Yopia guardaba el vino en su odre. Por lo que, tras dar un largo trago a su copa y volver a llenarla continuó hablando-.  Como os ha dicho lord Markelhay, llegáis en un momento muy oportuno. Tenemos una serie de problemas en la Cima y pese a que hemos intentado solucionarlos ha sido un completo fracaso...


- Un momento compadre - interrumpió Ghénima. Yo no formo parte de este grupo pero es cierto que siempre que se de una buena recompensa puedo participar en esta misión.

Dorel miró a la elfa callado, dubitativo de si dar una orden a sus guardias porqué, Dorel Resfold no soportaba que lo interrumpieran.

- Será mejor que calles mientras hablo. No me importa ni quien seas ni que haces con ellos así que estate calladita y espera a que termine.

- Eso será si quiero - contestó Ghénima sin darse cuenta de lo que había hecho.

El consejero llamó a los guardias de fuera y tras un leve gesto con la mano uno de los custodios le pegó con el mango de la alabarda en el estómago, haciendo que la elfa cayera al suelo por el dolor.

- Así pues, si aceptarais el trabajo que tengo en mente sabed que seréis recompensados adecuadamente - continuó Dorel mientras daba orden de retirada a sus guardias-. Eso si, quiero discreción y buenas maneras. Y por supuesto, éxito. Incluso podría acompañaros Melkarth, ya que en estos momentos no necesitamos de sus servicios exclusivos.

- Estamos interesados, señor Resfold - contestó Dethon mientras miraba al resto-. Pero necesitaremos más detalles sobre vuestra petición.

- Simple - contestó Dorel-. Necesitamos que accedáis a las catacumbas de la Cima. Hace días que algo no anda bien en el interior de la cripta... Incluso  han desaparecido un par de personas del pueblo que iban a visitar a sus muertos. También enviamos a dos guardias para que investigaran pero tras internarse en las catacumbas salieron corriendo a la media hora y no los hemos vuelto a ver por aquí - el consejero volvió a dar otro trago de vino-. Quiero que entréis, liquidéis el problema, porque hay algo ahí dentro que atemoriza a todo el que entra, y que vengáis aquí con una prueba de que habéis eliminado el problema. Si lo conseguís, seréis recompensados justamente.

El grupo se levantó de las sillas, saludó al consejero y tras ayudar a Ghénima a levantarse se fueron en señal de aceptación.


Y hasta aquí parte de la primera partida jugada. He intentado que todo se asemeje a lo que los jugadores intentaron hacer. Es decir, el "compadre" de Ghénima es real xD Supongo que todo será acostumbrarse a rolear y a meterse en la partida.

Un saludo

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